Conferencia Alafuente 11

De Mediateca

TECNOLOGIA Y RISA

Antonio Lafuente


Lo primero que debo decir es que la relación entre tecnología y risa, tema en el que llevo trabajando un par de años, es estructural y mucho más profunda, antigua y significativa de lo que a primera vista estaríamos dispuestos a reconocer. Me metí en estos asuntos empujado por Marcos García, quien un día me llamó para proponerme ir a México a dar una conferencia sobre el tema.

La gente de MediaLab sabe cómo tentarme. Primero, proponiéndome charlar sobre los únicos temas que de verdad me son irresistibles: aquéllos de los que no sé, los que me obligan a rebuscar por aquí y por allí hasta que logro conectarlos con lo que ya tengo más trillado. Y, segundo, invitándome a viajar a México, un país del que ando enamorado desde hace tiempo y en donde han logrado que los muertos aprendan a reír y que los vivos no sean sospechosos por estar riendo. Hablar de lo que no se sabe, como quiere Ranciére, y pensar la risa (kynic) como explicó Sloterdijk, eran un reto que acepté como un premio. Luego he seguido trabajando y cada vez estoy más interesado en el tema. Acabaré sabiendo algo!

De mi inicial formación como científico conservo todavía la manía o pulsión de tratar de cartografiar los temas que me interesan en términos aritméticos. Me encanta eso de pesar y medir las cosas, antes de pasar a evaluarlas. En general, me aburren los artículos de opinión, siempre tan perezosos a la hora de cuantificar. Dedicaré entonces unos minutos a comentar algunos datos que nos ayuden a cualificar el tema. En este campo de los datos, sin necesidad de adentrarnos en grandes detalles, he descubierto algunas cifras muy interesantes como, por ejemplo, que en 1939 la gente reía unos 30 minutos de media al día, mientras que para 1980 sólo dedicábamos a las risas alrededor de 5 minutos; por fin, en 2006, el tiempo se ha reducido ya hasta la cifra de un raquítico minuto: sí, el estudio al que aludo afirma que sólo reímos 60 segundos al día. Otro estudio no menos serio dice que hay un 7% de franceses que admiten no reír jamás. No sólo, dicen los expertos, cada vez reímos menos, sino que cuanto más viejos menos risas. Disponemos de otro estudio que lo confirma y así, mientras que un adulto ríe entre 15-17 veces al día, un niño lo hace entre 300 a 400 veces cada 24 horas. El tiempo y la edad parecen ser enemigos implacables de la risa.

Los médicos están encantados con este descubrimiento y se refieren a la risa como el medicamento del que no se habla. Y es que en efecto sus efectos parecen milagrosos. Un minuto de risa, por ejemplo, equivale a 45 minutos de sueño. A nadie sorprenderá que se hable de risoterapia y que muchos hospitales cuenten entre sus terapias con los Payasos sin fronteras. En Ginebra se han creado unos llamados comandos de la risa que invaden los vagones de metro para lograr con ciertas performances que la gente ría. Muchos hospitales infantiles y geriátricos también organizan risotadas, porque allí donde se ríe el gasto en medicamentos decae considerablemente. La risa ciertamente parece el remedio infalible.

Hay clubes de la risa por todo el mundo que practican diferentes modalidades del cada vez más popular yoga de la risa. Se cuentan hasta 6000 clubes repartidos por 60 países: la gente se reúne a reír, reír por reír, reír sin motivo. Y funciona. Todo el mundo sale contento, verificando algo que hemos experimentado todos desde la infancia: la risa es contagiosa. La risa es viral: basta que alguien rompa a reír para que comiencen a sumarse colectivamente quienes le rodean, a veces con efectos catárticos. Parece que reunirse a reír sin pretexto cuenta con muchos adeptos. Tantos que se va a organizar el día mundial de la risa, coincidiendo con el primer sábado de mayo. Detrás del evento, están como promotores la BBC y la CNN.


De lo que se trata es de montar la gran risotada, una carcajada interminable que ayude a olvidar tensiones y a compartir con otros un rato de ocio.

Si tantos son sus beneficios y tan numerosos sus adictos, a nadie le extrañará que la inquietud por lo poco que reímos se esté transformando en una preocupación por saber cómo convertirla en un recurso alrededor del cual podamos montar inmensos negocios. La risa atrae a la gente y no falta quién ya la vende enlatada, como ocurre en las series donde suenan risas de fondo y se enseña a las máquinas, como ha explicado Zizeck, a reírse por mí, a ser falsamente interactivos o, en otros términos, a comportarnos como interpasivos.







Hoy la risa cuenta con buena imagen, tiene glamour. Sin embargo, no siempre fue así. Con frecuencia hemos estado instalados en una situación completamente opuesta. Los que sean de filosofía o humanidades habrán oído hablar de la mujer... de la anécdota de Tales, en la que mirando al cielo cae a un pozo y suena una gran risotada de una mujer inculta, del populacho, insensible, que se mofa de que un sabio, el sabio al cual se le asocia el nacimiento mismo de la filosofía, es decir de la ciencia, que hay un testigo que crea una distancia entre el conocimiento de expertos y los legos. Es una leyenda que, en todo caso, si non é vero é ben trovato porque ha dado para pensar mucho y decir cosas inteligentes. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Michel_de_Montaigne">Montaigne</a> hizo un ensayo para enfadarse mucho contra esa mujer ignorante que no sabía que eso no era un agujero sino un observatorio astronómico, muy enfadado con los legos y dice que empecemos a domesticarlos porque esto no es soportable.

Podríamos hablar también de la risa carnavalesca, de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Bajt%C3%ADn">Bajtin</a>, pero no hay tiempo.

Hablaremos de otra risa... también constitucional, que expresa mucho de cómo somos y hemos sido. En el teatro renacentista de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Moli%C3%A8re">Molière</a>, el autor se entretiene en poner como personajes a médicos, jurisconsultos y la gente, el público, el populacho se ríe mucho porque ve las conductas de aquellos médicos que están intentando enseñar a la gente cómo curarse de padecimientos vulgares con remedios caseros... ven que estos médicos universitarios pronuncian frases muy complejas y tienen la sospecha de que detrás de tanta rimbombancia está el vacío más absoluto. Molière construye esas escenas y vuelve a mostrar aún más esa distancia entre la cultura popular y la cultura nobiliaria, de élite, ajena a los problemas del mundo. La gente está riendo de las risas que están producidas por gente modesta, gente honesta. Y la cultura que ríe, es la cultura del <a href="http://medialab-prado.es/laboratorio_del_procomun">procomún</a>, común, de la calle, de la cultura que tiene la gente. Lo que está insinuando en todas sus obras de teatro (y otros autores del siglo XVI y XVII también) es que lo que debemos hacer a partir de ahora es desconfiar de todos esos saberes demasiado sofisticados y volver a confiar en lo que sabemos, en lo que sentimos, en lo que la experiencia nos ha enseñando. No sólo es ser honesto, sino también que el verdadero saber donde está es en la calle, la gente es la que de verdad sabe lo que está pasando.

La risa tiene un función cognitiva, disruptiva, revolucionaria, que acompaña al nacimiento de un mundo nuevo.

La risa como adaptación, no sólo de los vínculos con la sospecha, sino porque es lo que antropólogos, neurólogos o psicólogos experimentales quieren enseñarnos que han encontrado, que han descubierto al respecto. Lo más obvio es que la risa revela la existencia de un mundo común, con ciertos códigos para interpretar las normas y las transgresiones de esas normas. Siempre que hay risa, se están explicitando esos códigos que se comparten. ¿Por qué la risa es contagiosa? La alegría de pertenecer a una comunidad, de compartir cosas con los demás, estimula buenos sentimientos y el cerebro lo agradece y reconoce el valor que tiene esa risa suministrando endorfinas y dopamina para que uno se sienta bien. Lo que enseñan biólogos y neurólogos es que la parte del cerebro que se activa cuando reímos está en el sistema límbico, no en el córtex que nos hace distintos como seres vivos. El limbo lo compartimos con el resto de mamíferos. La risa no es una característica humana, sino prelinguística. Los animales ríen y ríen como las personas. No está asociada exclusivamente ni al humor, ni a los trabalenguas ni a los juegos de palabra. Podríamos hacer una Histora natural de la risa en la que no hubiera ni un solo chiste y en la que no riera nadie. Pero no me voy a extender en esto...

Lo que dicen los psicólogos evolutivos es muy interesante sobre risa y tecnología. Tienen dos teorías para decir por qué no nos reímos. Una, fácil de entender: siempre que hay risa, no hay amenaza. Cuando hay una falsa alarma, si ríe el jefe de la manada, no hay ningún problema, la gente sigue en sus actividades. La risa tiene un valor adaptativo, es imprescindible para la supervivencia de la especie y tiene que ver con la pertenencia a una comunidad. La segunda, es más interesante desde nuestro punto de vista: tiene que ver con el momento en que alguien descubre un patrón oculto en el entorno que nos rodea, un patrón de conducta o diseño que la gente no ve. Algo similar a lo que ocurre en microbiología, que nadie ve nada en el microscopio hasta que el profesor te dice lo que hay. El cerebro convence al descubridor con una descarga de endorfinas que produce una enorme satisfacción. No en vano, la parte del cerebro que se activa con la risa es la misma que con la cocaína y los orgasmos.

La risa, según los psicólogos evolutivos es un dispositivo clave en el arsenal cognitivo para llegar al mundo en el que estamos. Lo que más me gustó mientras investigaba sobre la risa era cuando leía a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Henri_Bergson">Henri Bergson </a>quien en 1900 escribe "La risa" (un libro muy divertido y muy provocador, no cuesta trabajo leerlo y los beneficios son inmensos). Dice que la risa es la respuesta que damos a lo mecánico superpuesto a lo viviente. Es una respueta ante lo artificial y lo artificioso. Eso tiene que ver con lo que le pasaba a Molière, que creía que la risa era la mejor manera de combatir lo artificioso, como forma de construir una nueva cultura. Reírse de los poderosos, de las falsas promesas. Y de lo artificial. Estamos en 1900 y ya tenemos a un filósofo que nos pone en guardia contra las máquinas. Dice que lo maquínico viene a reemplazar a lo humano. Lo ve en todas las prácticas, excesos de reglas, incluso taylorismo en las nuevas formas de producción industrial. Tenemos ahí un primer discurso que no es tecnofóbico, porque fue uno de los primeros en pensar las máquinas, cuando todavía son circunstanciales. En todo caso, llegamos al nodo en cuestión porque nos pone ante el problema. La risa es la única manera humana de reivindicar lo humano frente a lo maquínico. Es un gesto de disolución de fronteras, que están apareciendo por todos lados, entre lo profano y lo erudito, la desconfianza entre lo popular y lo formal, lo carnal y lo espiritual (carnaval de Batkin, cuerpo carnavalesco), el orden y el caos, la tradición y la innovación (esto de que el cerebro premie a las personas que descubren cosas nuevas es poderoso) y entre lo humano y lo maquínico. Esas fronteras las necesitamos, ¿para qué? ¿quién las inventó? son instrumentos políticos.

Qué hacer pues para hacer visibles todos esos dispositivos insidiosos que construyen fronteras que no necesitamos y ante las cuales tenemos mucha gente que nos está invitando a la risa. No me interesa una pedagogía de lo risible, soy muy desconfiado y estoy profundamente convencido de que si yo lograra decir cómo producir una pedagogía de lo risible, Bill Gates lo produciría para venderlo. Y entonces sería otro recurso asociado a los grandes negocios, como ya se hace con el ocio, el cuerpo, etc. Y ahora también le ofreceríamos la risa.

Me surgen preocupaciones como las de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guy_Debord">Debord</a>, de que las cosas, cuanto más expuestas, menos visibles son. Algo similar a lo que dice <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Habermas">Habermas</a>, sobre los públicos que cuanto más hablamos de ellos, más irrelevantes son. Los públicos aparecen como otro actor.

El asunto es cómo hacer visibles todas esas fronteras. Uno de los proyectos más urgentes para nuestro mundo es hacer visible esas tecnologías, que están por todos lados. Como decía <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Paulo_Freire">Paulo Freire</a>, hay que enseñar a la gente a escribir para ser sensibles y contar. También <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Donna_Haraway">Haraway</a>, ya que todos somos cyborg y que la tecnología principal de los cyborgs es la escritura. Es emocionante porque a veces no queremos darnos cuenta de que escribir es una tecnología muy sofisticada. Codificar sentimientos, emociones, experiencias con unas reglas tan estrictas, con unas palabras que son espacios de consenso. Entonces, estando de acuerdo con Jesús Martín-Barero, digo que hay que enseñar a la gente a escribir, pero no sólo para descubrir el mundo, para también abandonar lo literal, integrar lo afectivo, buscar las identidades corales, comprender los códigos de la comunicación y para manipular esos códigos de la comunicación.

Retomemos también a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Edward_de_Bono">Eduard de Bono</a> y su concepto de pensamiento lateral. La práctica consiste en que un grupo de personas que tienen un problema y quieren encontrar una solución, -similar al Teatro del Oprimido-, cada quien defiende las opciones que le parecen razonables, pero luego se intercambian el sombrero y tienen que defender los puntos de vista que le tocan. Cuando se ha colapsado la comunicación, se vuelven a cambiar los sombreros. Esta técnica pretende que no aplastemos la diferencia cuando estamos construyendo algo común, que las diferencias tengan la oportunidad de hacerse visible.

Y ya para terminar, introduzcamos el concepto de <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Boundary_object">Boundary object</a> (Susan L. Stack, UCLA). Esta científica estudió sobre la producción de un museo de Historia natural en California, en el siglo XIX donde casi no había gente. No se entendía por qué emplazar un museo de ciencia donde nunca hubo ciencia. Susan puso en valor el procedimiento para construir una cosa que al principio parecía que a nadie le interesaba y se convirtió en un proyecto nacional, muy respetado. El museo se convirtió en un objeto frontera, demostrando que la habilidad de quien maneja la reunión consiste en situar el objeto equidistante a la ignorancia de todos. Poner el objeto donde nadie pueda sentirse propietario de ese objeto.

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