Según nos cuentan, la historia de Amasté con los adolescentes se refuerza a partir del número monográfico que les dedicaron en su revista Eseté. Algo pasó entonces porque fue el último número que editaron pero también el principio de una nueva etapa con el proyecto Casi tengo 18. A partir de ahí se han ido especializando en diseñar procesos para acompañar a los chicos y chicas a formarse como personas críticas y aprender a contar su historia desde sus propios lenguajes.
Los adolescentes suelen ser representados en los medios como consumidores y financiadores del mañana, pero eso no implica que tengan voz propia para expresar sus deseos, miedos e inquietudes. Como se puso de manifiesto también en la presentación del Banco Común de Conocimientos a manos de los estudiantes, los adolescentes sienten que son invisibles y que nadie les escucha.
Para Amasté es importante enseñarles a hablar por sí mismos, con sus medios y con sus lenguajes. La tecnología juega un papel importante pero prefieren partir de un concepto de alfabetización más amplio, anteponiendo lo mediático a lo digital y buscando siempre que las prácticas de los chicos en los talleres tengan visibilidad en algún soporte como la red, un fanzine, etc. En palabras de Txelu, el objetivo es que los jóvenes "construyan su propio imaginario y tengan análisis crítico del mundo en el que viven", por eso el trabajo con la creatividad no se queda sólo en el plano de la auto-expresión sino que se aborda como proyecto de compromiso cívico, "de aprender del otro, que todo el mundo aporte cosas a los procesos y potenciar que se sientan partícipes del mundo".
Entre sus proyectos se pueden encontrar diarios con lenguaje fanzine en una comunidad online, un concurso de producción audiovisual con el teléfono móvil y campamentos de creatividad para futuros estudiantes universitarios.
Expansiones de Amasté
Presentación de Amasté en audio



