Que se trata de un proyecto innovador no creo que nadie lo dude a estas alturas. Pero quiero detenerme y recalcar algo que hemos venido comentando estos días y que no sé si se ha entendido del todo: la difícil simplicidad de la idea. Simple porque considerar que todos enseñamos y aprendemos no debería ni siquiera tener que decirse en un centro educativo. Difícil porque las estructuras habituales de roles, tiempos, espacios, agrupamientos y asignaturas no suelen permitirlo. Y eso, en el fondo, nos pone delante de las narices una enorme pregunta que le debo a Roberto, nuestro Jefe de Estudios: ¿qué hemos hecho hasta ahora? ¿Es tan difícil valorar, en igualdad de condiciones, la cantidad de conocimientos de todo tipo que habitualmente pasan desapercibidos en nuestras escuelas? En el fondo, es triste e injusto que esto sea innovador.
Por tanto, indiscutiblemente, esta experiencia también supone una autoevaluación clarísima de un centro educativo que se arriesga a ver, con total nitidez y alegría, cómo determinadas prácticas Educativas, con mayúsculas, que normalmente no suceden, triunfan clamorosamente conectando con los intereses del alumnado. Y lo más paradójico de todo es precisamente que normalmente no sucedan, cuando hasta la normativa, sí, la ley, obliga a ello. Porque todo esto ha sido, está siendo, un bofetón en toda la cara a esa vieja letanía docente que tanto se repite en muchos sitios: “los alumnos no quieren hacer nada y no quieren aprender nada”. Pues sí, sí quieren, y muchas cosas. Distinto es que no quieran aprender y hacer lo que le decimos nosotros, cómo se lo decimos nosotros y cuando se lo decimos nosotros.

¿Formar ciudadanos responsables, autónomos, críticos no es una obligación, no digo moral, sino hasta legal? Pues eso se ha hecho en este Banco Común de Conocimientos. ¿Por qué nos empeñamos tanto, por encima de la ley, del sentido común, de lo justo, en asignaturizar sus vidas? ¿Es justo enseñarle a alguien a odiar una asignatura, y con ella una parcela cultural, sólo por el hecho de tener que cumplir un programa de una determinada manera? ¿Tienen sentido esas parcelas? Y, encima de todo, hoy viernes, como fiesta final-inicial, hemos tenido en nuestro Banco Común de Conocimientos, prácticas educativas que tienen todo que ver con asignaturas: informática, educación física, música, matemáticas, etc. Pero de otra manera que iréis viendo por aquí. ¿O no lo es que un alumno de 14 años nos enseñe qué es y cómo funciona Tuenti? ¿O que un alumno enseñe a una profesora cómo arreglar el carburador de una moto? ¿Y las matemáticas en medio de la pista de baloncesto? ¿Y las palmas flamencas en el aula de música? ¿Y Roberto e Isaac hablando de artes marciales y su exhibición posterior? Etc, etc, etc.
Sí, esta experiencia ha alumbrado, con una enorme hoguera, las entrañas del sistema educativo, nuestras prácticas, estructura, tiempos, etc. Ha iluminado los rostros y la vida de unos jóvenes a los que no se les olvidará nunca que, gracias a ZEMOS98 y Platoniq, un día empezaron a entender que aprender y enseñar pueden ser otra cosa. No podemos ni debemos dejar aquí el asunto. La experiencia que hoy ha tenido su día de fiesta final en realidad no ha terminado. Se presentará el miércoles en el contexto del Festival. Pero ya hay previstas actividades para seguir en nuestro instituto. Volveremos a lo micro: menos ruido, menos foto, menos cámaras, menos horas. Pero no les vamos a fallar a estos jóvenes. Seguiremos intentando apuntar que en las entrañas del sistema educativo, de lo que normalmente sucede en la escuela, hay algo que puede hacerse de otra manera. Y lo están demostrando nuestros alumnos.
Tomo prestado, para el título del post, el de un magnífico LP de Surfin’ Bichos.
Ya sabes dónde tienes más fotos.


