Cada vez reímos menos y eso no tiene ninguna gracia. En una sola generación hemos pasado de reír 30 minutos de media al día en 1939 a sólo un minuto en 2006. ¿A que dan ganas de llorar?
La relación entre risa y medicina parece fácil de comprender, pues todos tenemos una cierta intuición de lo bien que nos sienta una buena carcajada de esas que te duelen hasta las mandíbulas. La risa es viral, contagiosa y expandida.
Por eso, en plena guerra de patentes farmacéuticas, en un mundo empeñado en cerrar códigos, es difícil explicarse cómo estamos renunciando a un medicamento tan gratuito y accesible como es la risa. Pero lo que no sabemos, además, es que esa "medicina de la que nadie habla" también es un elemento subversivo y de conocimiento expandido.
No es fácil convencer a un auditorio con ese argumento, pero Antonio Lafuente, uno de los investigadores del CSIC que más trabaja por la cultura abierta y el procomún, se lo tomó como un reto y está empeñado en bucear en disciplinas como la filosofía, el teatro, la sociología y la literatura para demostrarnos que puede ser así.
“Lo más obvio es que la risa revela la existencia de un mundo común, con ciertos códigos para interpretar las normas y las transgresiones de esas normas. Siempre que hay risa, se están explicitando esos códigos que se comparten. ¿Por qué la risa es contagiosa? La alegría de pertenecer a una comunidad, de compartir cosas con los demás, estimula buenos sentimientos y el cerebro lo agradece y reconoce el valor que tiene esa risa suministrando endorfinas y dopamina para que uno se sienta bien”.
Para apoyar su investigación, Lafuente nos presenta la risa casi como si fuera una navaja suiza , una herramienta que te saca de cualquier apuro, es transitiva y reflexiva a la vez, te da sensaciones placenteras, te permite burlarte del saber letrado, pero, y esto es quizás lo más importante, también te ayuda a abrir códigos ocultos y expandir el conocimiento: "tiene que ver con que cada vez que alguien descubre un patrón oculto en el entorno que nos rodea, un patrón de conducta o diseño que la gente no ve, el cerebro premia ese conocimiento con la risa".
En cierta forma, aunque parte definiendo la risa como "la única manera humana de reivindicar lo humano frente a lo artificial, las máquinas", la risa se convierte también en tecnología en sí misma, en una forma de hackear el mundo y expandir sus códigos.
Comentarios //
por / 21 abril 2009
En efecto, David. La risa es prelingüística y evolutivamente está asociada al sistema límbico, el cerebro anterior al cortex y que compartimos con otros mamíferos. Estoy haciendo una wikiedición (es decir, que podeis participar en la redacción) de la conferencia de Sevilla y allí mostraré fotos inequívocas de perros, gatos, monos y burros que ríen.
por Tiscar Lara / 29 marzo 2009
Sí, Ismael, estamos en ello. Ha habido una cobertura audiovisual muy potente en el simposio. Poco a poco se irán editando y sacando los cortes.
por Ismael Olea / 26 marzo 2009
¿Hay vídeo? ¿Hay vídeo? ¿Hay vídeo?
por dvdgmz / 26 marzo 2009
Ayer junto a la barra de un bar en la alameda discuitiamos sobre la charla de Antonio. La idea que la risa pueda no ser algo relacionado con el cortex cerebral sinó con las áreas que compartimos con otros mamíferos parecería que es otra pérdida de algo que había sido considerado como propio de la naturaleza humana. A no ser que pensemos que la naturaleza humana está constituida precisamente de todo aquello que acumula su historia evolutiva (¿y cultural?), incluidas muchas características que compartimos con otros primates, mamíferos, animales y formas de vida.
Pero después de una larga tradición de exaltadores y detractores de la risa como algo vinculado al lenguaje y las ocurrencias del "intelecto", saber que puede ser algo que adjetivamos como "mamífero" puede ser un batacazo desde el que nos tenemos que levantar para volver a construir sentido.
La risa puede ser algo mamífero a lo que algunos primates añadirían una capa cultural que va acumulando sustratos. Lo que nos aportaría de nuevo esta idea es la conciencia que las raíces de la risa van más abajo (en el árbol evolutivo) de lo estrictamente humano.