Es realmente sintomático que hoy día, no haya pueblo o nación en el mundo, que no manifieste contra los Estados Unidos de América y en especifico contra el presidente George W. Bush, una devastadora como apabullante imagen de rechazo y condena, frente a lo que se entiende como la expresión más brutal de la arrogancia de un poder, que realmente se cree en verdad el único que puede decidir y hasta establecer los parámetros en los que debe de desenvolverse la suerte del planeta.

De esa forma, las manifestaciones multitudinarias de rechazo a las pretensiones de guerras para desestabilizar y derrumbar otros gobiernos como también para provocar un apocalipsis de muertes y orfandad sin limites ni medidas en contra de pueblos y naciones, ha provocado que por un elemental espíritu de supervivencia, prácticamente casi la totalidad de los pueblos de la tierra manifiestan una actitud de absoluto rechazo a las políticas expansionistas estadounidenses.

Por eso y en un solo día, el pasado sábado 15,más de diez millones de personas en 90 ciudades estadounidenses y 140 en el resto del mundo, manifestaron abiertamente y hasta de forma iracunda, su rechazo a la nueva guerra contra Iraq y la que se entiende y percibe como una fase más, en la política expansionista e imperial de nuevos mercados y fuentes de aprovisionamiento de petróleo y gas natural, que todo el tiempo ha mantenido como la razón de su poderío, los propios Estados Unidos de América.

Al mismo tiempo, esa brutal arrogancia estadounidense de sentirse y hacer sentir, que son los dueños del poder absoluto, ha hecho que todos nos demos cuenta de que en esta ocasión, Washington no tiene el menor propósito de obtemperar a los llamados de reflexión y comedimiento por parte del resto de la humanidad y que definitivamente la administración Bush, está decidida a llevar, sino a todo el mundo, a una gran parte, a una especie de nuevo holocausto.

El pretexto, es el régimen dictatorial de Saddam Hussein, quién desde sus orígenes, fue respaldado, armado y apoyado por los funcionarios estadounidenses de las últimas cuatro administraciones presidenciales, pero en la realidad, el dominio de un país que descansa sobre un inmenso de lecho de petróleo, el segundo en el mundo en cuanto a depósitos y que al mismo tiempo y por su clave posición geográfica, se encuentra justamente a la mitad de todos los caminos, no sólo en el Medio Oriente sino también de cara hacia la misma Asia Central.

A la vez, si se indaga en todo lo que ha ocurrido en aquella parte del mundo, después de la guerra en Afganistán, en su primera fase con la caída del gobierno talibán, podemos darnos cuenta de que Washington ha establecido por allí un nuevo tipo de expansión colonialista, que le ha permitido, no sólo penetrar en países en los que nunca tuvo un peso geopolítico y estratégico decisivos, sino en ser hoy día el dueño de una verdadera cuña geoestratégica de fuerza militar y posicionamiento económico, que como nunca antes había podido imponer.

Desde el punto de vista de esa presencia, tanto Rusia, China, India y las naciones del Medio Oriente, no dejan de mostrarse preocupadas ante presencia tan apabullante y la que, al disponer de esa nación-apoyo que es Israel, ha convertido a Estados Unidos de América, en una gran potencia y por derecho propio en todos y cada uno de esos territorios.

Al mismo tiempo, el hecho de que ha sido después de los acontecimientos terroristas (para la cultura occidental) del 11 de septiembre de 2001 en Washington y Nueva York, que Estados Unidos de América ha podido resurgir con la fuerza superior que ahora tiene en el Universo, más la resultante abusiva, por lo menos para los 37 países de los que, más de dos mil de ciudadanos murieron en aquellos hechos, de que a lo interno, Washington se decidió por auto encerrarse y tirarle la culpa de todo, al resto de la humanidad y en particular a todos los extranjeros que viven en su territorio, ha provocado y de una manera determinante, una reacción de rechazo en todo el resto del mundo.

En consecuencia, Estados Unidos de América y en su ciega arrogancia imperial, entiende que debe tratar a todos los ciudadanos no estadounidenses, como si los mismos fueran sus vasallos y el presidente Bush en particular, no pierde oportunidad de pretender que efectivamente las demás naciones así se lo acepten.

He ahí la manera prepotente y amenazante, que la Casa Blanca está utilizando para lograr que aquellos países que tienen un asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, se le plieguen sin ningún tipo de objeción a sus requerimientos y como sus funcionarios no se andan en chiquitas, para repartir todo un rosario de amenazas de todas las formas y colores contra aquellos gobiernos.

El resultado entonces no puede ser menos deprimente: Hay un sentimiento en esos países y sus cancillerías, de que desde Washington quieren extorsionarles y como en el caso de México, una amenaza evidente que subyace en las palabras sibilinas de su embajador allí, quien no se ha guardado la lengua para decir, que “a México le conviene” apoyar a su poderoso vecino en el Consejo de Seguridad.

Entonces, nos encontramos ante una realidad e independientemente de que quienes hemos nacido y nos hemos formado en la Cultura Occidental, a la hora de la guerra y aún cuando no queramos, debemos de hacer causa común con el imperio guerrerista: Cómo nunca antes, el mundo se resiste a apoyar los intereses estadounidenses y no es porque la mayoría del público no entienda que en una conflagración final, las huestes y las armas de Saddam Hussein no infligirían grandes daños a donde quiera que lleguen, sino que lo que hoy día mueve los criterios del público, es el rechazo personal, si cabe el término, hacia un Bush que la humanidad le entiende, como una de las amenazas más graves contra la paz, que haya podido haber en el mundo y en ciertos casos, hasta mucho peor que el efecto negativo del propio Hussein.

Y lo que se acrecienta, con ese lenguaje de potrero que el mandatario estadounidense permite que sus funcionarios utilicen: Rumsfeld, Perl y en menor medida Powell y el propio Bush.

Nada más hay que escuchar aquello, de que si es necesario se está dispuesto a pelear en varios frentes a la vez y de inmediato, responsables estadounidenses hablan y con un desparpajo inaudito, de las acciones de guerra que podrían tomar en un santiamén en contra de una Corea del Norte, a la que de forma callada, Washington quiere reducir a la obediencia mediante la imposición de una genocida política de hambre o lo de ahora en las Américas, tomar de pretexto, que gente que trabajan para algunas de sus agencias, en la aeronave que se trasladaban son derribados y las guerrillas colombianas les apresan a unos y a otros matan y de inmediato el presidente Bush ordena el aumento de la dotación militar en aquel país, en tanto funcionarios de la administración, no que simplemente condenen el hecho acaecido, sino que amenazan con imponer los peores de los castigos.

Al propio tiempo en Europa, el hecho de que el derecho al disentimiento que enarbolan Alemania, Bélgica y Francia en contra de la guerra, ha sido realmente un valladar imposible de obviar, la respuesta estadounidense de ataques injuriosos contra esas naciones y en particular contra la francesa, lo que han provocado, es la profundización de una mayor rebeldía europea.

Ahí está la consecuencia directa de ese intento de avasallamiento: El Papa Juan Pablo II, coloca todo el peso moral del Papado, a favor de que no haya la acción bélica.

Por supuesto y como acaba de recoger el periódico estadounidense Washington Post, la Casa Blanca no le da la gana de entender, que el mundo mira a su país como el gran enemigo y lo que sintetiza en la expresión de un funcionario, que dijo, “hay una angustia real en el mundo sobre nuestro poder y lo que se percibe como brutalidad y arrogancia de la administración Bush”.

Y precisamente, eso es lo que el mundo siente, una gran angustia frente a lo que entiende un poder descomunal, dispuesto a llevarse de encuentro a todo aquel que se le oponga y lo que se ampliará cada vez más, en la medida que los controles policiales y migratorios estadounidenses se hagan cada día más y más estrictos contra los extranjeros que llegan o están en su territorio.

Es decir, parecería que Washington no quiere darle respiro a la humanidad, prefiere ganarse de enemigos a todo el resto del planeta antes que dejar a un lado sus grandes objetivos geoestratégicos y es por lo que muchos entendemos, que podrá ganar la guerra, sí, pero su costo moral será una carga sumamente pesada de llevar.

Mientras tanto, un Saddam Hussein que no es ninguna inocente hermana de la caridad y sí el mismo diablo, aparece ante el planeta, como la víctima de un poder absoluto que se niega a aceptarle como el adecuado interlocutor a nombre de su propio país y en la medida que Estados Unidos le pisotee, le aplaste, lo extermine y con él a millones de iraquíes, la humanidad entera se verá reflejada en esa acción aterrorizante del poder omnímodo y lejos de sentir temor, veremos como nacerá el más sostenido y abierto sentimiento, apasionado e irreflexivo, totalmente anti estadounidense.

¿Qué vendrá después?, nadie lo sabe, pero si recordamos las palabras de Juan Pablo II a Tony Blair, el primer ministro inglés, en su encuentro del sábado en el Vaticano, de que se esfuerce por evitar una guerra en Iraq, que sería “una derrota para toda la humanidad y crearía nuevas divisiones en el mundo”, no hay que ser nada inteligente para comprender, que al final, será Estados Unidos de América el que habrá perdido la confianza del resto del planeta.

NO A LA GUERRA,

NO EN MI NOMBRE

Y NO CON MI SILENCIO,,,,